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COMIENZOS DEL FUTBOL FEMENINO

nata1234 13/11/2007 @ 00:25

EL EQUIPO QUE MATACOMIENZOS DEL FUTBOL

(COLFUTBOL).-A comienzos de la década de los años 90 comenzó en forma organizada la competencia del fútbol femenino en Colombia.

Los primeros puntapiés de las muchachas en nuestro país se remontan hacia finales de los años 80, cuando jugadoras vallecaucanas empezaron a aparecer en los potreros para disputar sus propios partidos. Como era difícil, casi imposible, que los hombres aceptaran a mujeres en los equipos, ellas decidieron armar sus propias escuadras para emprender una verdadera liberación.
Al despuntar los años 90, empezaron los intercambios interdepartamentales porque en Antioquia y Bogotá, siguieron el ejemplo del Valle. Y ante el furor que se desató, la División Aficionada del Fútbol Colombiano (Difútbol), decidió acoger a las damas en sus programaciones habituales de carácter nacional.
En los primeros torneos apenas se contaba con la participación de las ligas de Bogotá, Antioquia y Valle. Después se unieron ligas como Tolima, los Santanderes. Hoy en día, la mayoría de ligas adscritas a la Difutbol participan en los campeonatos nacionales.

Avance del futbol femenino

nata1234 12/11/2007 @ 23:49

marisol futbolistaAVANCE Y DESCUBRIMIENTO

Si el fútbol femenino es lento (o pausado) en el campo de juego, su avance ha sido muy rápido fuera de él.

Marisol Medina del equipo argentino, descansa en el campo de juego antes del inicio del partido.
Arrastrado por el interés en Estados Unidos, donde el fútbol se ha convertido en el deporte femenino más vigoroso (no obstante las dificultades financieras), y apoyado en una modestísima cobertura de televisión, equivalente mediático de Cosmopolitan, el fútbol femenino ha recorrido un largo camino en muy poco tiempo.
El colapso de la liga en Estados Unidos impone ahora un compás de espera. Es evidente que las esperanzas de una rápida propagación del profesionalismo eran demasiado optimistas.
Viendo al monstruo en que se ha convertido el fútbol masculino, acaso lo mejor que le pueda pasar al femenino es desarrollarse en relativa oscuridad, gozando del juego, del placer de golear a Nigeria o el dolor de caer ante Corea del Norte.
El vigor potencialmente malévolo del fútbol masculino, su atractivo mediático, no surge tanto del juego como de la pasión de los espectadores, anclada a su vez en los ritos tribales masculinos que tanta desconfianza provocan en las mujeres, porque generan violencia.
Todo ese andamiaje de sectarismo se sostiene sobre una base de testosterona.
Suponemos que las mujeres quieren otra cosa. Que su aventura es de descubrimiento.